Cada año, el tercer sábado de septiembre se celebra el Día de la Libertad del Software.
El software privativo es un redil diseñado para el control, la dependencia y la obsolescencia programada.
Nos venden herramientas como si fueran favores cuando, en realidad, son cadenas que dictan lo que puedes o no puedes hacer con tu propio hardware.
Abusos como los de Adobe, con productos como Photoshop y sus modelos de licenciamiento, o los de Microsoft con su sistema operativo, son ejemplos de adónde puede llevarnos el software privativo.
Frente a eso, la única respuesta técnica y ética viable es el software libre y el Open Source, de forma radical, intransigente y sin rodeos.
El verdadero desarrollo no pide permiso: se construye sobre cimientos sólidos y transparentes. Por eso, hablar de libertad de software no es un manifiesto político abstracto, sino una especificación técnica muy clara. En el caso del software libre, se parte de cuatro premisas o libertades irrenunciables:
La libertad de ejecutar el programa para cualquier propósito, sin restricciones artificiales ni peajes corporativos. El código corre para ti, no para corporaciones extractivas.
La libertad de estudiar cómo funciona el programa, gracias a la disponibilidad del código fuente. Se acabaron las excusas de la «propiedad intelectual» para ocultar fallos de seguridad o prácticas de telemetría abusivas.
La libertad de modificar y adaptar el software a tus necesidades reales, ya sea a nivel individual o escalándolo en tu infraestructura. Si algo no te gusta, lo cambias. Así funciona la ingeniería real.
La libertad de distribuir copias —incluidas tus versiones mejoradas y optimizadas—, para que toda la comunidad se beneficie del progreso técnico.
No es paranoia ni fantasía orwelliana. En un mundo donde tu lavadora o tu televisor pueden transmitir a no se sabe dónde gigas de información sin tu consentimiento, mantener tus herramientas de trabajo bajo tu control es clave.
O controlas tus herramientas de trabajo y ocio, o te controlan ellas a ti.
Además de las cuatro libertades enunciadas, podemos añadir otras cuestiones igualmente importantes:
Ser dueño de tus propios documentos. Esto solo es posible cuando el formato en que se guardan no depende de una empresa que pueda controlar su acceso. Como ejemplo, podemos pensar en los documentos generados por Microsoft Office.
Trabajar sin sacrificar tu privacidad, sin tener que registrarte ni crear cuentas, sin entregar tus datos y sin telemetría ni perfiles de usuario destinados a estudiar y monetizar tu comportamiento. Esto incluye también evitar la exposición a publicidad y a ofertas de servicios adicionales.
Tener la libertad de decidir sobre el uso, la inclusión o la exclusión de la inteligencia artificial en tus herramientas de trabajo, sin tener que renunciar a funcionalidades porque no quieras utilizarla o porque no la necesites.
Tener libertad para elegir el sistema operativo y el entorno de trabajo que mejor se adapten a tus preferencias o capacidades. Una herramienta profesional no debería estar ligada a un sistema o entorno concreto por capricho o limitación técnica.
No depender de un proveedor o de una licencia, utilizando la herramienta libremente y sin costes adicionales por uso o instalación. Poder elegir siempre entre ocuparte tú mismo del soporte técnico o encargarlo al proveedor de tu confianza, y poder cambiar de proveedor cuando lo consideres oportuno, sin pasar por monopolios ni vínculos cerrados con representantes y delegaciones que solamente encarecen el servicio sin aportar valor.
Y, para celebrar este día, lo mejor que puedes hacer es probar algún tipo de software libre si aún no lo has hecho.
Tienes un fin de semana por delante: prueba a cargar una distribución de Linux en un USB y arrancar desde ahí tu ordenador. No tienes que instalar nada; basta con ejecutar el sistema y comprobar la diferencia. Cuando lo cierres, tu ordenador seguirá como estaba antes.
O descarga e instala la última versión de LibreOffice y prueba a crear algunos documentos. Lo mismo puedes hacer si no conoces el navegador Firefox o el cliente de correo Thunderbird.
El software libre tiene respuestas para muchas de tus necesidades y ofrece un soporte que ninguna corporación o sistema propietario podrá igualar nunca.